Que será, será…

Pues va a ser esto de la crisis la sensación que le queda a uno en el cuerpo cuando tras dos semanas de vacaciones vuelve al trabajo con una losa de preocupación que ni el contacto diario con la familia ni la confianza en que uno puede con lo que se tercie son capaces de quitarme de encima. Por no tener, creo que no va a haber ni estrés post vacacional, que ni eso ya se puede uno permitir. O igual es que ya viene de atrás y ni se nota.

Quizás “ayude” ver un porvenir (como persona y como sociedad) algo más que difuso, donde más que salidas a futuro hay escapatorias a un tiempo incierto que discurre entre el mañana y la decisión que no se sabe cuándo alguien tendrá sobre ti, tu familia y tus proyectos. Ni siquiera a uno (quizás porque hasta ahora ni lo he pensado) le atrae aquello que como cantinela nos repiten sin cesar: “El mañana es de los emprendedores… Hasta un millón de ellos hacen falta para sacar esto adelante” (esto es “mantra” político-gubernamental). ¿Y sabéis? Uno muy echado para adelante en eso de los negocios no se si será, pero dos pensamientos seguidos sí es capaz aún de juntar y cuando oigo esto, se me va la mente irremediablemente a los que “emprendieron” años atrás y que ahora no les llega la camisa al cuerpo (si es que aún la conservan)… ¡¡Ahhh, se siente!! Haber “emprendido” cuando tocaba. Ahora si no hay crédito y el negocio se cae a cachos, a poner buena cara al mal tiempo y a conformarse con escuchar la sarta de vaguedades y explicaciones dignas de “saltimbanquis de poltrona” de los que a golpe de recorte nos lo arreglan todo en un tris tras… Catacrac.

¿Dije recorte? Noooo… “Ajustes temporales”, eso es. Yo que siempre creí que “ajustar” solía aplicarse a aquellos vestidos, trajes, elementos mecánicos, muebles y complementos de todo tipo que bajo aquella expresión de “como un guante” se aplicaban a cuando algo le sentaba bien a uno, acoplaba a sus intereses, se ceñia a lo que era de su interés o en definitiva le hacía la vida mejor. Pues hete aquí que no, que estos “ajustes”, la mayoría de ellos sin más explicación que aquello de “son necesarios” (y tomad el azucarillo…) vienen más bien a apretar, es decir a llevar aquellas medidas allá donde ya lejos de su función empiezan a incomodar incluso se perciben, más como algo molesto y que nos complica la vida que realmente algo digno de un esfuerzo necesario para ver la luz al final del túnel.

No es mi intención hoy dar demasiadas vueltas a las medidas, a ver si por marearlas encima va y resulta que me acusan de antipatriota (uno más). Lo que sí me gustaría es reflexionar sobre el camino que poco a poco muchos ciudadanos de este país vamos adoptando (incluso diría yo afortunados, pues tengo claro que muchos ya andan bastante peor que yo…) hacia un modo de vida distinto, austero por necesidad y que por real como la vida misma te explota en las narices cuando de repente la nevera se llena de marcas blancas (y a Dios gracias), no pasas de 100 km/h en nuestras flamantes autovías para ajustar consumo (y que dure), planificas tus vacaciones al “calor” (y al rigor) de tu hogar que se está la mar de bien (mientras pagues la letra) y te descubres explicándoles a tus hijas con vehemencia y el corazón encogido lo mucho que cuesta salir adelante… Sin que nada les pueda faltar (eso por ahora se lo callas).

A los que nos cuesta, claro.

Con mínima perspectiva… ¿Quien se acordará mañana seguro, por ejemplo, de la Reforma Laboral? Yo me permito aventurarlo: Los cientos (espero que no miles) de trabajadores que perderán en una jornada su trabajo mediante ERE fulminante y extinción de relación laboral… Y si te he visto no me acuerdo. Ni los políticos que propiciaron esta situación (y ahí lo siento soy inmisericorde: PP y PSOE) ni los sindicatos que dirán que poco pudieron hacer, han hecho ejemplo público de contracción salarial ni sacrificio siquiera político alguno (de los personales ni hablamos)… Así de claro, reto a ser desmentido con deshonor.

Luego saldrá el vocero de turno, diciendo que eso es demagogia, que los políticos en este país sufren las medidas como todo ciudadano y que, a pasmarse tocan, todavía están mal pagados, que si mejor lo estuvieran ni se les ocurriría meter la mano como hacen algunos ni mal gestionar como muchos… ¡Pues sí señor! Y digo yo que es hora de hacer lo mismo con cajeros de banco, empleados de joyería, gestores de empresa y personal diverso que ven pasar ante ellos a diario miles de euros y que si cobraran más de lo que cobran seguro que no robarían nada… ¿Ah? ¿Que no roban? ¿Que cuando hay algún caso, incluso con mala gestión negligente y culposa se les lleva ante un juez?… ¡Anda! ¡No me lo puedo creer! Pase el siguiente…

Siento el tono un tanto pesimista. En el fondo no quiere serlo. Escribo porque necesito rebajar este estado de tensión que a días controlo y a días somatizo, pero que siempre acaba afectando a los que me rodean y que no merecen más que me desviva por ellos (y por ellas, mis princesas). Creo en la dignidad del ser humano que quiere y cree en que vivir en sociedad y en democracia exige un compromiso que va más allá de escribir discursos infumables o presentarse ante una cámara a decir cosas, no ya en las que ni siquiera cree, sino en las que jamás podrán creer aquellos quienes se supone juraste bien gobernar.

Como decía la canción: Será lo que será… O lo que nosotros queramos que sea (esto lo añado yo). Tengamos claro que “sustituir” a los que nos han traído aquí, pasa primero por “restituir” la ética, principios y compromiso ante sus iguales, que se llevó la “burbuja” (del ladrillo y de las infamias), los que la crearon, la hicieron crecer, y la explotaron… Ante nuestras narices, lo queramos o no. Poner al ciudadano, al ser humano “mondo y lirondo” como centro de toda acción dirigida a cambiar, gobernar, transformar o dar algo de lustre a este mundo que tan sucio se ve por momentos. A la tarea, pues.

 

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No es fin de trayecto…

Pudimos ser cualquiera. La cosa es tan normal, como salir de casa solo o en compañía y decidir moverte por Valencia por ocio o por negocio. Lo más sencillo del mundo es bajar aquellas escaleras, validar tu abono y esperar a que el convoy llegue. Ese metro que nos llevará a allí donde queremos ir, excepto en aquel caso en que por una vez, quizás la última, resulte que no llegue a su destino…

No voy a volver a repetir lo que significó aquel accidente en el Metro de Valencia en julio de 2006… Quizás no sea digno, por no ser capaz de reflejar el dolor que aquella tragedia causó.   Ayer, casi seis años después, en las Cortes Valencianas, “sancta sanctorum” del poder popular de los valencianos, se volvió a dar alas a la iniquidad jugando con el dolor de las víctimas para salvar las posaderas políticas del de turno.

Guardaré tecnicismos y detalles del expediente que harian saltar las lágrimas de cualquier ser con un mínimo corazón y una vez más honraré la memoria y la entrega de quienes han hecho de la pérdida y el dolor de sus seres queridos un tributo para que aquello no vuelva a suceder.

Una vez más, el grupo Popular en les Corts (actuando como “grupo” que ampara y esconde, no como individuos libres y con sentimientos) se ha negado a retomar una investigación de un accidente con evidentes sombras y dedicarle al asunto algo más de los cinco días de aquel entonces, en los que a la carrera y alentados convenientemente, sin transparencia y con alevosía, se despacharon la vergonzante “investigación” inicial; se han negado aquellos que han sido votados por cientos de miles de valencianos (y a los que suelen utilizar de comodín para justificar sus políticas) a reconocer que aquella desgracia fue previsible y evitable, renunciando además a los compromisos de elaborar una ley que regule el transporte de ferrocarril en la CV; ayer los diputados populares renunciaron a saber y a que el resto sepamos, a conocer si hubo suficientes medidas de seguridad o si más aún ahora mismo las hay; renunciaron con su voto a atender la petición de quienes con su dolor sufrieron la falta de ayuda tras una catástrofe y que ahora piden se regule y planifique, por lo que pudiera pasar; ayer continuó la mayoría gobernante encubriendo políticamente a quienes debieron asumir la responsabilidad y permanecieron amarrados al duro banco de su poltrona, ajenos en su conciencia dócil y sometida, a una ambición que no acabo de entender.

Ayer mismo tuve ocasión de departir con miembros del gobierno autonómico y oposición y se supone que debimos hablar de la iniquidad cometida… Quizás no fue pertinente porque hasta nuestro subconsciente manipulado presta atención a otros lances de la actualidad que son “más” noticia que esta (de acuerdo a los cánones con que hoy la sociedad procesa el término “noticia”). Pero yo sentí vergüenza, por no ser capaz de hacerlos visibles…

… Por no hacer lo que otros pudieron y debieron hacer: Pedir perdon por no hacer presentes a las víctimas, por no aprender de su ejemplo y por no honrar la memoria como bien merece quien no debió sufrir por el error de aquel en quien creyó confiar… Como ayer en Les Corts.

Hace relativamente poco quise entrar en política precisamente para que estas cosas no pudieran pasar… Por mucho desdén del que crea que con sus votos está por encima de la honra, esta vez el viaje no terminará aquí.

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Pues parece que no hay chusma…

De esta forma, en libertad, moviéndose entre el personal que nos manifestábamos el sábado pasado por las calles de Valencia, se abrió paso aquella mujer, ya de cierta edad y hablando por su teléfono móvil, quizás con un familiar o su amiga con la que en pocos minutos se sentaría a tomar un café tranquilamente. No había chusma, no… Y lo cierto es que el pensamiento que salió del alma a la buena mujer (pelillos a la mar con sus prejuicios, esperemos que se le pase) tiene mucho de análisis y poco de tontería. Mientras días, semanas (incluso meses) atrás unos estaban esperando un motivo para manifestarse como fuera y otros seguían a sus cosas alejados de lo que sin duda les parecía una nueva maniobra de  manipulación colectiva, lo cierto es que muchos (quiero creer que la gran mayoría) salimos como un ciudadano más convencidos que debíamos mandar un mensaje a quien gobierna que no va por buen camino y que en su deriva corremos serio peligro que nos lleve por delante… Incluso aunque ellos, los que nos gobiernan, ni se enteren o no quieran enterarse.

Buscaba pues referirse aquella mujer en el literal significado a la muchedumbre de gente vulgar que uno suele esperar casi siempre en aquellos sitios a los que nunca iría; pero hete aquí que nos encontró a unos cuantos miles que rompimos su esquema… Del mismo modo que se le quebró a aquella joven voluntaria sindical que cual eslabón de cadena humana nos apartó muy seria a la altura de la plaza de Toros: “Por favor, apartaos que se vea la pancarta… Vosotros delante o detrás…” Íbale yo a preguntar por el plus de importancia del que portaba la pancarta cuando se abalanzó aquel joven (qué “pinta”, menos mal que no lo vio nuestra señora protagonista) exigiéndole explicación de por qué pretendía extender aquel “cordón sanitario” si todos habíamos venido a lo mismo. La cosa subió unos grados y el buen hacer de un veterano de la lucha obrera que por allí andaba resolvió el conato apartando por la fuerza a la meritoria sindical que tirando de peto estaba dispuesta a explicarnos por qué la calle era suya… También, como a la señora, espero que se le pase.

Y es que cuando uno sale a la calle y se siente parte de un todo que avanza no comprende demasiado bien cómo parte de los que caminan pretenden adueñarse de los pasos que damos todos. Mucho he leído por ahí sobre el adoctrinamiento y el por qué la gente es movilizada por cantos de sirena de “siniestro” (incluso etimológicamente) origen, pero lo bien cierto es que a poco que uno se esfuerza reconoce dos cosas: Que quien llama es quien llama (y quien convoca es quien convoca, con todo su mérito), pero que una vez se ha llamado, cuando la calle se ocupa pacíficamente el mensaje al que gobierna sólo tiene una voz. Y poco más habría que hablar.

Viendo pues el vaiven y el eterno aprovechamiento político hasta de la más pura reivindicación, lo que acontece en los aledaños y mas aún entre lo más granado de nuestros dirigentes políticos (sobre todo tras los escándalos de los últimos tiempos) bien merece retomemos la reflexión de aquella señora y pensemos dónde realmente se aloja la chusma (figurado claro está) tal como ella la pensaba (o no) y quien merece ser alejado cuanto antes de nuestros destinos (y nuestros dineros) confiados a una Administración presuntamente comprometida en el desarrollo de lo que viene a ser un Estado social, democrático y de derecho de los de toda la vida.

Sí, yo salí al sábado a la calle y me sentí a gusto. Porque en esos momentos reconozco de nuevo el aliento que me impulsó y que a tantos impulsa a seguir creyendo; que aunque el sistema deje mucho que desear, quizás el problema es que no hemos sabido encontrarle el punto. Para mí que con buena dosis de ética, sentido común y menos adoctrinamiento en vena, igual un día de estos disfrutaremos de nuestras propias ideas haciendo el camino que nos lleve de la ciudadanía a la política, en un viaje que sin duda encuentra sentido cuando a diario se hace tanto de ida… Como de vuelta.

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Nota técnica

Estimados todos.

Ante algunos comentarios acerca de la “inactividad” del último mes, aparte de los múltiples compromisos y trabajos personales en todos los ámbitos (que su tiempo requieren), me sigo enfrentando a un ataque continuo de spam en los comentarios del blog, que no he conseguido detener (sin duda por mi impericia).

No obstante como ni mis limitaciones en el bloqueo informático lo justifican ni la situación candente lo merece, pase lo que pase voy a retomar la marcha del blog y que salga el sol por Antequera… Vamos viendo.

Nos vemos en breve…

Saludos múltiples.

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27N

Se nos va el 27N…

Así a bote pronto, pensaremos en que es un domingo más que se nos va y nos habremos ido a dormir con el más que habitual sinsabor de una semana más sintiendo haber dejado algo en el tintero… Es posible, aunque hoy no es mi caso.

Esta semana ha sido de las de pensar… Pero a base de bien. Hace siete días, los españoles (como se suele decir con exagerada grandilocuencia) hablaron en las urnas… ¡Ay, si nos dejaran hablar en otros sitios! En fin, no dinamitemos. Votar está bien y proyecta (aunque sea de forma “sui géneris” o más bien injusta) la voluntad ciudadana hacia el poder legislativo, crisol de lo que se vino a llamar estado democrático, social y de derecho en que nos convertimos hace ya muchos años… Aunque no tantos como algunos parecen creer.

Lo dicho, nos hemos pasado toda la semana pensando, analizando, reflexionando, hablando, planificando y unos cuantos gerundios más porque en breve se inicia una legislatura en la que, aunque no lo decimos muy alto, se juega algo más que hacerlo bien para salir elegido en cuatro años… Tenemos ante nosotros la oportunidad de comprobar como ciudadanos si los electos, llamados a debatir y llevar adelante las medidas que nos mantengan a flote, serán capaces de abrirse paso mientras dure la tormentosa crisis… No sólo la económica, sino la ética y valorativa (como diría Fidalgo). Mucho ojo.

Durante estos siete días, los partidos políticos han tenido  la oportunidad de mostrar su alegría por el triunfo (esto es habitual, todos suelen ganar) y la cara de póker por el fracaso (oye chico, es que no me lo esperaba para nada…¿O si, señor Rubalcaba?). Para mi gusto (nada objetivo, como es natural) avanzar, no ya ganar, como lo ha hecho UPyD da una absoluta legitimidad moral más allá incluso de la democrática que te otorga la confianza ciudadana. El hecho irrefutable de que cuando los resortes del estado y de los poderes fácticos y mediáticos nos dieron por irrelevantes y desarraigados (vamos que éramos casi como los indignados, pero encima no podíamos decirlo) un millón doscientos mil votos transformaron la indignación de muchos en un compromiso firme por cuatro años de un grupo parlamentario (que lo será en el trabajo, diga lo que diga la Mesa del Congreso) que desde el día siguiente está trabajando por seguir haciendo política y luchando por la regeneración ética y el cambio del modelo institucional en España.

Otros a lo suyo: El PP a “enterarse” de lo que hay y a que el empuje del nuevo gobierno tarde en “contaminarse” y se dé de bruces con la desidia de sus barones autonómicos; el PSOE a tratar de no desintegrarse físicamente (ideológicamente ya lo está hace mucho) y por ahora de oposición, poco; IU que aunque lo esperaba no acaba de creerse aquello de ser punta de lanza de la oposición de izquierdas, por lo que mucho es de temer que caiga de bruces en las barricadas (esperemos sólo políticas) que las inminentes revueltas sindicales provocarán, al tiempo; los partidos nacionalistas, afilando lápiz y discurso desintegrador; los que viven “en el conflicto” riendose de la democracia y de las instituciones que soportaron estoicas la irresponsabilidad de un gobierno socialista que se olvidó de las víctimas por raspar unas décimas en su última y desesperada baza electoral. Cuánta indignación vergüenza nos van a hacer pasar estos cuatro años.

Ha pasado el 27N (pretérito, porque escribiendo, escribiendo llegó el 28N) y nunca mejor dicho, vivimos para contarlo… El tiempo da sus pasos y nosotros con él. Como cantaba Annie en el precioso musical que un día de estos recuperaré para mis hijas: El mañana está tan sólo a un día, siempre a un día de distancia.

Sigue pues el camino y hoy 27N (ya 28N) hemos entrado en el mañana de todos los ciudadanos para ayudar a Rosa, Carlos, Álvaro, Irene y Toni, diputados de UPyD a ayudarnos a nosotros mismos… A todos.

Es para sentirse, como me gusta decir a mí parafraseando a Don Salvador de Madariaga, absolutamente “insupeditable”… Nada ni nadie podrá pasar por encima de uno cuando se siente dueño de su mañana… Y yo sin quererlo, empecé a escribir el 27N….

… Y ya es 28N ¿Cabrá mejor fortuna y dominio del tiempo? Todo para mi.

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A los que confiaron

Con todo mi afecto e ilusión, a los que con su voto iniciaron el camino. Hoy les necesitamos más que nunca…

Podemos conseguirlo. La verdad es que desde el “yes we can” está demasiado devaluada la efectividad de esa auténtica llamada interior, de ese grito silencioso al que uno se agarra ante las grandes citas de su historia, cuando ya nada queda entre nuestro siguiente paso y el reto que nos espera.

Yo personalmente lo viví hace unos meses como candidato de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) a la Presidencia de la Generalitat y a pesar de que no pudimos con la casi insalvable barrera de la ley electoral siempre sentí esa profunda convicción, no sólo mía sino de miles de valencianos, de que la regeneración política era y es posible.

Sirva pues la presente como llamada al apoyo de los que confiaron entonces para que se reafirmen, en este momento crucial, hacia todos nuestros candidatos en la Comunidad Valenciana y especialmente en la provincia de Valencia a Toni Cantó, del cual soy orgulloso compañero de candidatura como número 2.

Llamo a todos los que hace unos meses apostaron por mí, y sobre todo por nuestro proyecto, porque son la base sobre la que nos apoyamos para seguir empujando y llamando a los ciudadanos más allá de la indignación, al compromiso. Sin prejuicios personales, sin recelos y sin dudas: Seguimos siendo Unión, Progreso y Democracia, le pese a quien le pese.

Contamos con un cabeza de lista extraordinario que va a conseguir, con la ayuda de miles de valencianos convencidos de su trabajo infatigable, que UPyD cuente con representación por Valencia en nuestro futuro grupo parlamentario del Congreso de los Diputados. Es necesario para sentar las bases en la forma de hacer política pensando en todos los españoles; para promover las necesarias reformas (ley electoral, modelo territorial, educación, sanidad, justicia, empleo, financiación y política fiscal) así como los pactos de estado que sin duda se van a tener que acometer en la próxima legislatura si queremos salir de la preocupante situación socioeconómica en que ya vivimos.

UPyD no es el voto en contra, es la suma de votos por la regeneración, por el compromiso ético que el ciudadano demanda a sus servidores públicos. Toni Cantó encabeza una lista de candidatos que representan aquella apuesta personal y colectiva de los que pudiendo seguir al margen han decidido no ponerse de perfil y actuar en conciencia para tratar que todos ganemos.

Quizás no tendrían por qué hacerme demasiado caso. Igual han oído esto demasiadas veces, pero al menos concédanme el beneficio de aquel que, como ahora mismo hacen ustedes, quiso leer a alguien decir esto años atrás y nunca consiguió hacerlo…

Les aseguro que cada voto que nos confíen… Valdrá la pena.

 

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Activos tóxicos

Mira que la crisis de las “sub-prime” estalló hace tiempo, pero a mi siempre me había quedado la mosca detrás de la oreja con aquello de lo que se vino a llamar “activo tóxico”. Nunca supe muy bien de qué manera lo que se adquiere con la mejor intención de dar lustre a un balance podía llegar a convertirse en algo nocivo, ponzoñoso, cutre y sin valor. He tenido que esperar unos años incluso, no para entender el concepto, que de eso ya se han encargado legiones de gurús. Esos que al calor de la crisis han sabido incrementar renta y patrimonio casi a la misma velocidad contaban como la de otros (la mayoría) iba descendiendo. El concepto está bien entendido, pero lo que faltaba para redondear la cosa era ese ejemplo rotundo que hiciera de una buena explicación el colofón que le sitúa a uno al nivel de “máster del universo” en finanzas.

Y el caso es que ha venido de forma inesperada como aquellas ideas brillantes, aunque esta por impresentable le deja a uno casi sin reacción.

Me explico pues: En la jornada que termina, el Consell admite que pagó 15 millones de euros a Santiago Calatrava por no se sabe muy bien qué. Sí Calatrava, como diría Lubitsch por boca de uno de sus personajes “ese gran, gran, grandísimo arquitecto valenciano” de reconocido prestigio y habilidades insondables a la hora de hacer amigos entre la clase política. Pues nada, sale a la palestra la consellera portavoz Lola Johnson y “se doctora” (hablando de lo hecho por el insigne valenciano, es decir unas maquetas, planos, anteproyecto y proyecto básico) con semejante explicación (copia literal de la prensa digital del día):

“Es propiedad de la Generalitat valenciana”, por lo que “en cualquier momento podría si la situación económica acompañara o si así se decidiera, no sólo económicamente si así se decidiera se podría poner en marcha o vender”. “Es un activo, es un dinero que se pagó por unos trabajos que efectivamente se realizaron como se puede deducir del auto del fiscal”

Veamos pues: La Generalitat Valenciana ha comprado algo hace no demasiado tiempo, eso es evidente. Y parece que le ha costado 15 millones de euros, “primos hermanos” de los que ahora no tiene ni para hospitales, ni colegios, ni dependencia, ni siquiera para niños tutelados a los que abandona a su suerte… Esto no dice mucho del “ojo” de quien decidió hacerse con la propiedad de los proyectos. Claro esto siempre que lo que se deslizara fuera el ojo y no la mano. Sigamos.

Parece ser, según palabras de la consellera, que la situación económica no es buena… Pero que si fuera mejor, oye, los ponían rapidito en marcha o incluso podrían llegar a venderlos. Bien mirado, eso está bien; con 15 millones de euros “sueltos” te montas tres torres de Calatrava en el jardín de tu casa y quedas como un señor. No importa que sean proyectos básicos y que según la LOE no sirvan para construir absolutamente nada, pero oye si te has gastado 15 kilos igual te vienes arriba y “pillas” otro tanto y te marcas el proyecto de ejecución, que para eso somos de la “terreta”… “Serà per diners?”

Por tanto, según nos cuenta la consellera nos encontramos frente un clarísimo “activo”, vamos un activo “del copón” que para eso han escondido todos estos años su valor y ha tenido que venir un fiscal fisgón y una oposición puntillosa a fastidiarnos el invento… ¡15 millones! “Pero si me lo van a quitar de las manos”, debió pensar la señora Johnson.

Pues si que estamos apañados. Le he pedido a una amiga mía arquitecta, colegiada en Valencia y que no factura sus proyectos en el extranjero como otros, que eche mano de las normas colegiales de honorarios recomendados y me diga cuánto me tendría que gastar en una obra para el proyecto me valga 15 millones de euros. Me ha enviado “a no sé dónde” (sitio feo donde los haya) y ha vuelto a sus cosas quizás preguntándose qué es mejor: Tener los “amigos” políticos de Calatrava (auténticos culpables del desaguisado) o la conciencia y la dignidad intactas.

Como la conozco, estoy tranquilo. Casi tanto como para afirmar que aparte de este activo tóxico en forma de proyecto incompleto que huele a presunta malversación que apesta, lo que por fin he descubierto es un ejemplo claro de esta clase política “sub-prime” que nos atrapó hace años y de la que pareciera no pudiéramos deshacernos por siempre jamás.

Nada más lejos… En algunos bancos puede que no, pero en democracia como en la vida misma, la dación en pago existe: Su voto a cambio de no tener que soportar más semejantes tomaduras de pelo como la de la señora Johnson y la cuadrilla de uno y otro lado de la zanja que ellos mismos cavaron.

En nuestras manos está… A tiempo estamos.

 

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Blanco y en botella

Cuando el discurso político se empeña en no hacerse entender suelo echar mano del acervo popular y de aquellos dichos que en pocas palabras te dejan claro de qué va la realidad que otros se empeñan en complicar. Tal es el caso de la expresión con la que hoy titulo y que tantas veces hemos echado a la boca para explicar lo que de por sí resulta no ya posible, sino a todas luces insultantemente obvio.

Evidente deberia ser que lo ético presidiera el ser y el estar de cualesquiera que nos planteáramos acercarnos a lo público y mucho más aquellos que están metidos hasta el cuello y más allá con responsabilidades de gestión de lo que es de todos. Pues ni es tan blanco, ni está instalado en higiénico recipiente, sino que más bien los ciudadanos tienden a pensar que la ética o es algo oscuro, oscuro o simplemente está en retirada del escenario de donde jamás debió salir.

Los análisis sociológicos acuden a constatar de nuevo la ausencia absoluta de lógica alguna cuando resulta que un porcentaje altísimo de ciudadanía (del orden de un 80%) tiene claro que ni PSOE ni PP le resultan óptimos para dirigir los destinos de España, más que nada a la vista del despropósito con que desde cualquier gobierno, ya sea central, autonómico o local, nos han llevado a lo que se parece mucho a un callejón sin salida. Si puesto que esto es así y, aunque ellos insistan en fomentar lo contrario, existen más opciones que ellos mismos y sus sostenes nacionalistas, ¿alguien me puede explicar por qué algunos seguimos clamando entre la “comprensión” de ciudadanos que acaban votando a un “mal” menor para conseguir el “bien” del país?

¿Por qué si estamos de lleno en un problema económico de tales dimensiones que exigiera un esfuerzo de TODOS, brillan por su ausencia los necesarios pactos de estado por la educación, justicia, reforma laboral y fiscal, sanidad, financiación local y autonómica entre otros, que dieran esperanzas a los pobres administrados en que todavía tiene sentido depositar la confianza en los que han comprometido su vida durante cuatro años en el servicio TODOS ellos? La voz que clama hoy en las calles y desde siempre en bares, centros de trabajo, mercados, hogares de jubilados, universidades y hasta en la cola del paro, en los sitios de encuentro de ciudadanos que día a día expresan sus íntimas preocupaciones; ésa voz no es reflejada de una forma obvia por dirigentes que pleitean en interminables sesiones donde, como niños en patio de colegio, siempre terminan la discusión con un colérico e irritante “y tu más”. Esos mismos, que parece que jamás se pondrán de acuerdo, ya han sentado precedente en multitud de privilegios que ocultan vergonzantemente a los ciudadanos porque saben que son suyos y de nadie más, amparados por el nudo gordiano de una ley electoral que los eleva a la expresión máxima del “tanto monta, monta tanto… lo mismo es cortarlo que desatarlo”.

No seré yo quien insulte la intelegencia de nadie intentando explicar con claridad meridiana (por muchas vueltas que le de el PSOE con aquel viejo truco de “disociarse” en sus ramas autonómico-nacionalistas) lo que a todas luces tras las próximas elecciones va a constituir una de las ofensas más graves a la memoria de las víctimas (ésta igual no es “histórica” por eso quizás a algunos les ha importado tan poco) que van a tener que soportar cómo los enemigos de la democracia la utilizan, tras darle una pasadita de fango tribal e ignorante para seguir encaramandose sin intención de pagar ni arrepentirse por sus crímenes, a la “sancta sanctorum” del legislativo, de donde emanara hace treinta y tres años una Constitución en la que no creen… Negro, muy, muy negro.

Y por no alargar más (no quisiera decepcionar a quienes lo pescaron al vuelo) concluyamos con aquello que por meridiano nos supera tratando de explicar por qué últimamente los señores ministros utilizan las gasolineras a tratar asuntos “privados” en su vehículo “oficial”, es decir público (Elena Valenciano dixit). No seré yo quien me atreva a juzgar con ligereza, por si acaso; pero nadie me impide reflexionar y quedarme con una realidad para mí preocupante: El porqué de la existencia de aquellos que, aunque “parece ser” que sin éxito, se empeñan en acercarse a un servidor público para ver cómo va lo suyo. Como en la fábula de Samaniego: “A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron, que por golosas murieron presas su patas en él…” Cualquiera en la calle al que preguntáramos estaría de acuerdo: Con el panal casi agotado y las moscas y abejas sin rumbo, ¿cuantos “golosos” del dar y tomar estarán al caer?

Quizás tenga razón Lorenzo, un tendero de los de toda la vida que desde el ultramarinos de enfrente de mi casa echa más horas que un reloj para capear el temporal pero que sigue sin perder la cara y para que no “me apalanque” suele regalarme alguna de sus sentencias:

¡Eso está clarísimo, “campeón”!… Blanco y en botella.

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El valor de la media docena

No recuerdo habérmelo planteado tal cual hasta hoy, pero es curioso que cueste atender al nombre de un número hasta que no lo confrontas con lo que en sí significa: Una cifra que se cita como un susurro, un dígito que perdido entre el cinco y el siete transita su existencia con la mala fama de que repetido en demasía se convierte en el número de la Bestia: El 6…

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Ni CAM-ps, ni la CAM…

Espero no haber sido yo el original (seguramente no) de haber encadenado las dos “caidas” más sonadas en mucho tiempo en la Comunidad Valenciana que se produjeron la semana pasada… Con tan sólo dos dias de diferencia.

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